No todos los casos necesitan una persona las veinticuatro horas. Con frecuencia es suficiente con cubrir franjas concretas: el aseo de la mañana, la hora de la comida, la tarde o el momento de acostarse.
La atención por franjas encaja precisamente ahí, web y tiene una ventaja evidente: se paga solo por lo que se necesita y se adapta según cambian las circunstancias.
Lo que conviene cuidar es la continuidad. Para una persona mayor, la rotación constante de cuidadores es desorientador y genera rechazo. Contar con una cuidadora fija es lo que realmente marca la diferencia.
Algo que ayuda mucho: no esperar a que la situación sea límite. Incorporar la ayuda poco a poco, con pocas horas al principio, hace que el mayor lo acepte con naturalidad.